Justo Mora Pérez: “Las personas mayores tienen derecho a decidir cómo quieren vivir esta etapa de su vida”
Justo Mora Pérez, presidente de la Asociación San Julián Provincial de Cuenca, trabaja desde hace años para mejorar la calidad de vida de las personas mayores, especialmente en el medio rural. Su trayectoria en el ámbito del asociacionismo y su compromiso con un envejecimiento activo y digno le han valido el reconocimiento como “Conquense del Año” por la Casa de Cuenca en Barcelona, un galardón que pone en valor una labor sostenida en defensa de los derechos, la participación social y la autonomía personal de este colectivo.
Acaba de ser nombrado “Conquense del Año” por la Casa de Cuenca en Barcelona. ¿Qué supone para usted este reconocimiento?
Este reconocimiento supone, sobre todo, un impulso para seguir trabajando. Llevamos cinco años desarrollando una labor constante en el ámbito del asociacionismo de personas mayores y recibir un premio como este refuerza la ilusión y las ganas de continuar.
Pero es importante subrayar que se trata de un reconocimiento colectivo. No es algo personal, sino un premio al trabajo que realizan las juntas directivas y todas las personas que forman parte de la Asociación San Julián Provincial de Cuenca, que agrupa actualmente a 185 asociaciones. Desde ese punto de vista, este galardón nos anima a seguir defendiendo los derechos y el bienestar de las personas mayores, especialmente en el medio rural.
De este modo, quiero agradecer a la Casa de Cuenca el gran detalle que ha tenido, así como la implicación del Ayuntamiento de Cuenca, que ha colaborado activamente tanto en la Semana Cultural como en los actos del patrón, San Julián. También me gustaría destacar el programa contra la soledad no deseada que desarrollamos en Cuenca capital, financiado por los servicios sociales del Ayuntamiento, y que está permitiendo recuperar la vida social a personas mayores que no salían de casa por miedo o por problemas de movilidad.
En este sentido, las casas regionales cumplen un papel fundamental para evitar el aislamiento de aquellas personas que, por distintas circunstancias, han tenido que emigrar a otra comunidad autónoma. La Casa de Cuenca en Barcelona es un claro ejemplo: mantiene una intensa actividad, cuenta con una junta directiva muy activa y nunca ha perdido el vínculo con su tierra de origen, contribuyendo además a mantener vivos los lazos sociales y culturales con Cuenca.
Como presidente de la Asociación San Julián Provincial de Cuenca, ¿cuáles son las principales líneas de trabajo de la entidad y qué papel juega hoy el asociacionismo en la vida de las personas mayores?
Una de nuestras principales líneas de trabajo es la modernización y actualización de las asociaciones. Nos encontramos con un problema importante: muchas juntas directivas y socios tienen una edad muy avanzada y se enfrentan a grandes dificultades para adaptarse a las nuevas herramientas tecnológicas y a los requisitos administrativos que hoy exige la administración.
Desde la asociación tratamos de facilitar este proceso a través de apoyo técnico y herramientas digitales que permitan a las asociaciones seguir funcionando y relacionarse con las administraciones. Esto es especialmente relevante en el medio rural, donde los núcleos de población son muy pequeños y el acceso a la tecnología es limitado. Nuestro objetivo es dar voz a estas personas y defender sus derechos, ya sea en materia de vivienda, pensiones, pobreza o acceso a servicios.
Pero el asociacionismo va mucho más allá de la gestión. Cumple una función social fundamental: fomentar el bienestar, la participación y las relaciones sociales. Está demostrado que el ocio compartido, la cultura y la interacción con otras personas —tanto de la misma edad como intergeneracionales— mejoran la calidad de vida y ayudan a prevenir situaciones de soledad no deseada. En definitiva, las asociaciones permiten que las personas mayores sigan formando parte activa de la comunidad.
Desde su experiencia, ¿cuáles son las principales preocupaciones y necesidades que trasladan actualmente las personas mayores en la provincia de Cuenca?
La principal preocupación es el aislamiento, especialmente en el medio rural. Hablamos de una provincia muy extensa, con 232 municipios, muchos de ellos con muy poca población, lo que dificulta el acceso a servicios básicos. Por este motivo, desde la asociación impulsamos programas itinerantes que acercan servicios de salud y atención social a los distintos municipios.
Trabajamos con profesionales de ámbitos como la odontología, la fisioterapia, la oftalmología, la audición o la pedagogía, y cada año vamos ampliando esta oferta. Actualmente tenemos presencia en 185 municipios, lo que supone más del 87% del territorio provincial, aunque hay personas que han tenido que emigrar a otras zonas, como Cataluña, por motivos laborales o personales.
En este contexto, la prioridad es garantizar la salud y el bienestar de las personas mayores que viven en entornos rurales, donde el acceso a recursos es más limitado. Nuestro objetivo es que, vivan donde vivan, puedan recibir una atención digna y de calidad.

Uno de los ejes centrales del Congreso DAP 2026 es el derecho a la autonomía personal. ¿Por qué considera que este concepto es clave cuando hablamos de envejecimiento y calidad de vida?
El derecho a la autonomía personal es fundamental porque nos permite decidir cómo queremos vivir esta etapa de la vida. El envejecimiento no debería implicar una pérdida de derechos, sino todo lo contrario: debemos garantizar que las personas mayores puedan seguir participando en la comunidad en igualdad de condiciones.
Nuestro objetivo es poner más vida a los años y favorecer que cada persona pueda definir su propio proyecto vital. Eso implica tener acceso a los mismos servicios y oportunidades, independientemente de la edad o del lugar de residencia. Evidentemente, cuando con el paso del tiempo se pierden facultades, deben existir los apoyos necesarios para poder seguir viviendo con dignidad, ya sea mediante ayuda en el hogar, acompañamiento a visitas médicas o apoyo en las tareas cotidianas.
En definitiva, hablamos de garantizar la autonomía el mayor tiempo posible y de ofrecer recursos adecuados cuando aparece la dependencia, siempre desde el respeto a la persona y a sus decisiones.
¿Qué puede aportar el Congreso DAP al debate social y profesional sobre la atención, los cuidados y la autonomía de las personas mayores?
El Congreso DAP puede aportar, en primer lugar, visibilidad. Es fundamental que como sociedad entendamos qué significa hoy el envejecimiento y que dejemos de tratar a las personas mayores como un colectivo homogéneo.
Existen realidades muy diversas: no es lo mismo envejecer siendo una mujer de 85 años que vive sola, con una pensión muy baja, que hacerlo en otras condiciones sociales y económicas. El congreso permite analizar estas diferencias, compartir experiencias y reflexionar sobre modelos de atención más justos y adaptados a las distintas realidades.
Además, espacios como este ayudan a generar conocimiento, a sensibilizar y a avanzar hacia políticas públicas que tengan en cuenta esta diversidad y las necesidades reales de las personas mayores.
¿Cree que como sociedad estamos suficientemente concienciados sobre la importancia de garantizar la autonomía personal en todas las etapas de la vida? ¿Qué queda aún por hacer?
Todavía queda mucho por hacer. En los últimos años se habla cada vez más del concepto de la nueva longevidad, que implica entender el envejecimiento como una etapa activa y plenamente integrada en la sociedad. Estamos ante un cambio generacional importante, con la llegada de personas jubiladas que han tenido mayor acceso a la educación, que están mejor preparadas tecnológicamente y que tienen expectativas diferentes.
Esto obliga a replantear los modelos de atención y de vivienda. La mayoría de las personas mayores no desea vivir en una residencia, salvo cuando ya no existe otra alternativa, sino envejecer en su propio domicilio con los apoyos necesarios. Para ello es imprescindible una mayor responsabilidad por parte de las administraciones públicas.
Desde nuestro ámbito de trabajo defendemos la necesidad de avanzar en un nuevo marco legal que garantice estos derechos. Al igual que existe una Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, llevamos años reclamando una convención específica sobre los derechos de las personas mayores. Además, es fundamental que las comunidades autónomas desarrollen leyes que garanticen un envejecimiento digno, basado en los derechos humanos y en el respeto a la dignidad de la persona.
¿Qué mensaje le gustaría trasladar a quienes participarán en el III Congreso DAP y a todas las personas interesadas en avanzar hacia un modelo más justo y respetuoso con las personas mayores?
El principal mensaje es que la jubilación debe planificarse como cualquier otra etapa de la vida. Durante años hemos puesto el foco en la educación y la planificación de la juventud, pero hoy sabemos que después de la jubilación hay muchos años de vida por delante.
Por eso es fundamental educarnos en envejecimiento activo y saludable, organizar esta etapa y entender que seguir participando en la sociedad es clave para el bienestar personal y colectivo. Apostar por la autonomía, la participación y el respeto a las personas mayores no es solo una cuestión social, sino una cuestión de derechos.